
Las salchichas forman parte de nuestra alimentación desde tiempos inmemoriales. Barbacoas, cenas rápidas, bocadillos improvisados o recetas tradicionales, ya sean frescas o cocidas, son habituales de nuestras mesas y hacen las delicias de niños y mayores. Precisamente por su popularidad, están rodeadas de falsos mitos que se repiten sin cuestionarse y que por ello se convierten en supuestas verdades. Pero en muchos casos, la realidad dista mucho de esas falsas creencias y por ello hoy nos hemos propuesto desmontar tres mitos clásicos sobre este delicioso y super nutritivo producto:
Mito 1: “Hay que pincharlas para que no revienten”

Éste es uno de los consejos más extendidos: antes de ponerlas en la parrilla o en la sartén, hay que pincharlas con un tenedor o cuchillo para que no exploten. La lógica parece aplastante: si el interior genera presión al calentarse, mejor abrir una vía de escape.
Pero en realidad sucede lo contrario. Las salchichas están diseñadas para retener en su interior una emulsión de carne, grasa y agua. Esa combinación es la responsable de su textura jugosa. Cuando perforas la tripa, rompes la barrera que mantiene esos jugos dentro. ¿Qué ocurre entonces? Que la grasa y los líquidos se escapan durante la cocción, dejando una salchicha más seca y menos sabrosa.
Además, si estás usando la parrilla, la grasa que cae sobre las brasas puede provocar llamaradas que chamusquen el exterior sin que el interior esté bien cocinado. El resultado final suele ser una salchicha reseca, con zonas quemadas y menos sabor.
Y ¿por qué a veces revientan? Normalmente por exceso de temperatura. Si el fuego es demasiado alto, el exterior se contrae rápidamente mientras el interior sigue calentándose y expandiéndose. La solución no es pincharlas, sino cocinar a fuego medio, darles tiempo y girarlas con frecuencia para que el calor sea uniforme.
En resumen: la tripa no es el enemigo, es tu aliada. Mantenerla intacta es clave para conservar la jugosidad de la salchicha.
Mito 2: “Da igual cómo las cocines”

“Total, si ya están hechas” Es una frase muy común cuando hablamos de salchichas como las tradicionales alemanas, que suelen estar precocidas. Pero esto no significa que el método de calentado sea irrelevante. Cada técnica cambia la textura, el sabor y la experiencia final.
Hervidas o calentadas en agua caliente
Es el método más tradicional para las salchichas tipo Frankfurt. Se colocan en agua caliente (no hirviendo fuerte) durante unos minutos. De este modo, se calientan de forma uniforme y mantienen una textura suave. No adquieren el color dorado ni los sabores tostados, pero conservan toda la jugosidad.
A la plancha o en sartén
Aquí aparece ese dorado apetecible que aporta aromas más complejos y sabor tostado. El contraste entre exterior ligeramente crujiente e interior jugoso eleva mucho el resultado final. Eso sí, conviene usar fuego medio y si es necesario, añadir unas gotas de agua y tapar unos minutos para que el calor llegue al centro sin quemar la superficie.
A la parrilla
Ideal para barbacoas. El ahumado y las marcas de la rejilla aportan carácter y sabor. Pero también es el método donde más fácilmente se cometen errores: fuego excesivo, piel quemada y centro frío.
En el microondas
Es el más cómodo y rápido pero también el menos controlable. Puede calentarse de forma desigual y alterar la textura, volviéndose más gomosa si se excede el tiempo.
Conclusión: No, no da igual cómo las cocines. Elegir el método correcto depende del tipo de salchicha y del resultado que busques: suavidad, color dorado, sabor ahumado o rapidez en la preparación.
Mito 3: “todas las salchichas son iguales”

Bajo la palabra “salchicha” se esconde todo un universo de estilos, técnicas y tradiciones gastronómicas.
Por ejemplo, el término alemán Brühwurst hace referencia a salchichas escaldadas: se elaboran con carne muy picada y una emulsión fina y luego se someten a un proceso de cocción en agua caliente. En esta categoría encontramos salchichas tipo Frankfurt o Viena, que suelen venderse ya precocidas y solo necesitan calentarse.
En cambio, las Bratwurst alemanas están generalmente crudas y se deben cocinar completamente antes de consumirse. Su textura es distinta, más gruesa y suele tener un perfil espaciado diferente.
Y si salimos de Alemania todavía encontramos más variedad: en Italia son reconocidas las salchichas frescas con hinojo o picante; las salchichas o chorizos curados o frescos son características de la tradición ibérica y las ahumadas son las más consumidas en el centro y el este de Europa.
Existen infinidad de versiones, según las proporciones de carne de cerdo, vacuno o pollo. También las tripas varían entre las naturales y las artificiales. El tamaño, la proporción de grasa o el nivel de curación difiere en cada receta. Y como hemos visto, algunas están listas para comer con tan solo calentarlas y otras requieren de una completa cocción.
Por todo ello, pensar que todas las salchichas son iguales lleva a errores como hervir una salchicha pensada para asarse o cocinar poco una que está cruda.
En resumen, si quieres disfrutar de este delicioso producto: no las pinches, pues estarás perdiendo sabor y textura; no las calientes sin pensar: pues el método de cocción importa y mucho y no las metas en el mismo saco: pues existen tantas salchichas como países, regiones y tradiciones gastronómicas.
Penne pasta in tomato sauce with sausages and cheese, decorated with parsley on a white wooden table, very tasty.
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